Foto del canal desnudoParticipar en el foroVendre des photos¿Quieres crear más carpetas?¿Quieres subir más fotos?Votaciones de la galeríaMostrar nombre de usuario¿Quieres subir más fotos?¿Quieres tener acceso a fotocommunity en todos los idiomas disponibles?Los usuarios de pago ya pueden disfrutar de todas las funciones de fotocommunity desde 4 € al mes.
Vendre des photos
¿Quieres crear más carpetas
¿Quieres subir más fotos
¿Quieres subir más fotos
¿Quieres tener acceso a fotocommunity en todos los idiomas disponibles
Texto: ANTONIO MONLEÓN
Cuando cumplí 19 años me dieron mi primer destino como maestro en la pedanía de la Fuente la Puerca, un conglomerado de casillas diseminadas por las lomas de la comarca del Temple. A los pocos días de comenzar el curso se presentó una mujer para apuntar a sus dos hijas gemelas. Se llamaba Emilica y era viuda. Decía la gente que se entendía con el veterinario y que se acostaba con el administrador de la finca del señorico. Tenía veintidós años, aunque su tez curtida por el sol, el vestido pardo y el pañolón de flores descoloridas sobre la cabeza la hacían parecer diez años mayor. La miré a los ojos pero su mirada huía por las paredes encaladas del aula.
- ¡Esta es Sandra y esta Lucía! ¿Verdad? -le dije.
- ¿Y usted cómo lo sabe?
- ¡Porque Sandra tiene palomas en los ojos!
- ¡No entiendo lo que me quiere decir!
- ¡Sandra vive contigo y Lucía con tu madre! ¡Por eso a Sandra le ríen los ojos y a Lucía no! ¡Lucía es una niña sin madre!
Y entonces sus ojos buscaron desafiantes los míos, me aguantó la mirada y la mantuvo hasta que me llegó al corazón. Y en el fondo de aquellos ojos azules vi amargura y desamparo, una soledad muy grande y una historia muy turbia.
- ¡Lo siento Emilica! ¡No te lo tenía que haber dicho!
- ¡No pasa nada maestro! ¡Lo peor no es que me lo haya dicho, lo peor es que yo se que es verdad!
Fue mi primer encuentro con la realidad social que me iba a acompañar a lo largo de mi trabajo, al observar las carencias de los jornaleros que trabajaban de sol a sol por un ínfimo jornal y que vivían en humildes y míseras casillas sin luz ni agua levantadas en los aledaños de los caminos y los campos comunales.
Una foto que describe a la perfección el lugar del que habla el relato. El plano picado acentúa la sensación de soledad que envuelve a esas humildes casitas. Muy buen trabajo, Ana.
Un abrazo. Enrique.
Me encanta esta forma de colaboración con los amigos. Una vez más ha habido sintonía entre dos personas que aunque no se conocen personalmente han sabido captar con la imagen y la palabra una circunstancia común.
Gracias Ana