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Ramiro Marcos Rueda


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DISEÑO DE LAS TERMAS DE CARACALLA

Las termas de CaracallaA principios del siglo III.d.C. los emperadores de Roma proyectaron unas termas públicas de dimensiones inéditas hasta entonces, abiertas a la plebe y con todas las comodidades.


Centro de higiene, deporte o estudio: las Termas de Caracalla fueron más que simples lugares de baño donde los romanos satisfacían su cuidado físico y mental. Los primeros baños se remontan al siglo II a.C.; eran entonces un alivio a las carencias de las viviendas de la gran mayoría de la población. Sin embargo, las primeras termas públicas de Roma surgieron gracias a un importante avance técnico que permitía un sistema de calentamiento de agua mejorado e instalaciones de mayor calidad y envergadura, el hipocaustum (s.I-II a.C.).
Fue el emperador Marco Agripa quien inauguró este tipo de edificaciones de carácter público en las que distintos estratos de la población entraban gratuitamente. Le siguieron las termas de Nerón (68 d.C.), con un nuevo tipo de planta basada en un eje central con distribución idéntica en los distintos lados, que más tarde fue también un modelo adoptado por las Termas de Tito y Trajano, Decio (s. III), Diocleciano (las más grandes) o las de Constantino (s. IV).
Las Termas de Caracalla (211-216 d.C.), situadas cerca de la Via Apia, se distinguieron por su carácter “popular”. El verdadero impulsor fue en realidad el fundador de la dinastía imperial de los Severos –también padre del emperador Caracalla–, Septimio Severo, aunque las obras no empezaron hasta la llegada de su sucesor Caracalla. A diferencia de las anteriores construcciones, estos baños se diseñaron a escala colosal, sobre todo en lo relativo a las bóvedas y la decoración, en la que no faltaban estatuas, pinturas o mosaicos.
Abiertas desde el mediodía hasta el atardecer, los bañistas acudían solos o acompañados por sus sirvientes y allí eran atendidos por sus múltiples encargados.
A través de ocho puertas se iniciaba un completo recorrido por las distintas áreas. Desde el apoditerium (vestuario al que se accedía desde el vestíbulo) se desplazaban hasta la palestra (un equivalente del moderno gimnasio al aire libre), donde se podían practicar deportes como el harpastum (precedente del rugby) o el trigon (juego de pelota). Pasando una puerta se llegaba al unctorium (sala de masajes) y luego al tepidarium (sala de ambiente templado), desde donde se conducía al visitante hasta las salas de vapor (laconica o sudatoria). La zona de baños cálidos se completaba con el caldarium (sala circular cubierta de una gran cúpula apoyada en ocho pilastras colosales) y desde allí se volvía a una zona templada para más tarde finalizar en el frigidarium. Ya dentro, las opciones eran varias: bañarse en la natatio (piscina) o en el estanque central (labrum), darse un masaje, o aplicarse un ungüento.
Pero las termas no sólo se limitaron al acondicionamiento del cuerpo: dentro se realizaban otras actividades como la lectura, conciertos de música, ejercicios de declamación, pasear por los jardines, etc. Según palabras de Juvenal, la mente y el cuerpo tenían por igual derecho a la salud.

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Categoría Viaje
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Cámara DMC-TZ7
Objetivo ---
Diafragma 3.6
Tiempo de exposición 1/80
Distancia focal 6.5 mm
ISO 80