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¿Qué es nuevo?

Ana Vera


Miembro Pro, Málaga

Pepa la del kiosco

Texto :ANTONIO MONLEÓN
En la placeta de Aliatar, frente al cine, ponía su puesto de chucherías Pepa la Monja. En invierno el puesto parecía un blocao rodeado de cartones para amortiguar el frío, que la mujer combatía con un brasero en los pies y envuelta en un mantón de lana que le cubría hasta la cabeza.

En el puesto de la Pepa podías comprar garbanzos tostados, maní, pipas, cacahuetes, chochos o altramuces, algarrobas, cañamones, caramelos y chicle americano. Y en temporada la mujer vendía majoletas, almecinas, trompos, bolas, ristras de mixtos de crujir y cromos de futbolistas. También vendía cigarrillos sueltos, negros o rubios, celtas o bisontes. Allí me fumé mi primer bisonte con mi amigo Picante, después de haber fumado durante algún tiempo cigarros de papel de estraza y matalahúva.

Por la noche, cuando los últimos espectadores habían entrado al cine, la mujer regresaba a su casa arrastrando las angarillas con la ayuda de algunos niños. A aquellas horas el extraño armatoste con la luz de carburo encendida y su chirrido metálico parecía un paso de Semana Santa. Los zagalones que deambulaban por la placeta del Salvador remedaban con sus voces los tambores y cornetas de las procesiones -¡Chiiiiinnndaaa! ¡Tatachinnnnndaaaa!- y la mujer respondía con insultos y amenazas.

Decía la gente que la Pepa era una monja arrepentida, aunque nadie sabía de qué orden y de qué convento se había salido…

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Cámara Canon DIGITAL IXUS 95 IS
Objetivo ---
Diafragma 2.8
Tiempo de exposición 1/125
Distancia focal 6.2 mm
ISO 160

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