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Paisaje

El viento comenzó a mecer la hierba. Con ruidos graves y amenazadores envió una amenaza a la tierra y otra amenaza al cielo. Las hojas se desprendieron de los árboles y se esparcieron por todas partes. El polvo se arremolinaba, como agitado por unas manos, y por el camino se alejaba.

Emily Dickinson – El viento comenzó a mecer la hierba

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