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Antonio Monleón


Miembro Free, Granada

De nuevo en casa

El seis de enero de 1960 al amanecer mi padre nos despertó y nos apostamos detrás de una ventana. A poco apareció andando a gatas sobre el tejado del Carbonero una figura cubierta con una túnica roja que portaba sobre el hombro un voluminoso saco de arpillera. La figura saltó con apuros sobre el pretil de la terraza, alcanzó el balcón y con decisión entró en mi casa por la puerta de la cocina.
- ¡Es Melchor! -nos dijo mi padre.
Lo escuchamos trastear en el comedor y salir otra vez a la terraza. Al encaramarse de nuevo en el pretil se trabó los faldones de la túnica y cayó hacia la oscuridad del patio. Mi padre bajó desesperado mientras mi madre nos decía que no había sido nada.
- ¡Pues a mí me parece que se ha caído! -le dije.
- ¡Es verdad! ¡Se ha caído! -apostilló mi hermano.
- ¿Cómo se va a caer? ¡Es que ha dado un salto! ¡Los Reyes no se caen, so listos!
A mediodía, cuando bajamos con los juguetes, vimos a mi vecino Manuel en el portal con la cara desollada y cojeando.
- ¡Uy Manuel! ¿Pero qué te ha pasado? -le dijo mi madre compungida.
Manuel pegó un portazo y salió a la calle gritando no se qué de los Reyes, de los niños y de sus padres.
A partir de ese día dejé de creer en los Reyes Magos.

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