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Jose Red


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Alborada

Ni tan siquiera el cielo.
Sino una memoria del cielo,
y el azul de la tierra
en tus pulmones.

Tierra
menos tierra: contemplar
cómo el cielo ha de encerrarte, crecer inmenso
con las palabras
que dejas por decir...y nada
se perderá.

Soy tu desazón, la rendija
en el muro
que se abre al viento
y su tartamudeo, tormenta
en plural; ese otro nombre
que das a tu mundo: exilio
en los cuartos del hogar.

El alba se recoge, engendra
testimonio,
el olmo y la ceniza
que caen. Yo regreso a ti
a través de este fuego, un resto
de la estación venidera,
y seré para ti
como el polvo, como el aire,
como la nada
que no ha de rondarte.

En el lugar anterior al aliento
sentimos cruzarse nuestras sombras.

Alborada – Paul Auster

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